miércoles, 3 de septiembre de 2014

Palestina-Israel: 4 argumentos

No todos los anti-judíos son anti-judíos. El ejemplo inmediato lo ha proporcionado Common Dreams, un portal "progre" estadounidense, al contar que durante un par de años habían estado recibiendo comentarios ferozmente anti-judíos que ellos, en aras de la libertad de expresión, subían al portal. Frente a ellos, otro internauta que se firmaba "ProgressiveJews" enviaba sus comentarios quejándose de la política anti-judía seguida por el portal. Investigaron el caso y encontraron que se trataba de la misma persona, un joven judío, diplomado en Harward, que se hacía pasar por anti-judío para así intentar reducir la política de juego limpio de Common Dreams, menguando sus informaciones más equilibradas sobre el tema. El mejor ejemplo, de todos modos, fue el partido Pamyat en la Rusia post-soviética, ferozmente anti-judío y que Novedades de Moscú encontró que estaba siendo financiado parcialmente por Israel para que los judíos rusos tuviesen un motivo adicional para emigrar a Israel y así reforzar el argumento de su gobierno sobre la presión demográfica y la necesidad de nuevos asentamientos en Palestina. No se fíe, pues, de estas cuatro maneras de enfrentarse al conflicto palestino-israelí con o sin nuevas violencias armadas en Gaza.
1. Los pro-judíos incluyen desde el embajador israelí que sugirió la posibilidad de que su gobierno obtuviese el Premio Nobel de la Paz por su contenida actividad reciente en Gaza a los que narran en primera persona las tribulaciones que les suponen los misiles lanzados desde allí. Su argumento consiste en afirmar que se trata de legítima defensa frente al terrorismo de Hamás. Los túneles en concreto y, en general, su postura intransigente ante la mera existencia del Estado de Israel entran en el discurso. Pueden seguirse dichos argumentos en muchos periódicos y más si tienen, como alguno español, una fuerte presencia de accionariado judío.
2. Los pro-palestinos, sobre todo en castellano, son particularmente activos en internet. La rabia de los palestinos que, sin haber sido consultados, han visto su tierra ocupada por extranjeros y han sufrido expropiaciones, desplazamientos, asentamientos y bloqueos es lo que les lleva a reaccionar ante el ilegítimo ocupante. Lo que pretende Israel, dicen, es expulsar a todos los palestinos y crear, más allá de esas fronteras, un Estado Judío, étnico y excluyente. En el caso concreto de los tres secuestrados, habría sido obra de un judío y, en todo caso, el gobierno de Israel aprovechó la ocasión para organizar una nueva vuelta de tuerca contra Gaza. Por eso se tomó su tiempo entre asesinato y operación: para prepararla lo mejor posible.
Estas dos opciones suelen presentarse como mutuamente excluyentes, con el añadido de que cada una de ellas piensa que "si no estás conmigo, estás contra mí". Y ambas tienen su contrario: los anti-judíos y los anti-árabes (o islamófbos) respectivamente.
3. En algunas extremas derechas, antisemitas en sentido estricto, concurren ambos "anti". Los anti-judíos les rechazan, estén donde estén. Tienen una larga tradición no solo en Europa y sus razones, entre cristianos, han sido el creerlos culpables de la muerte de Jesús (judío, por cierto, al que mataron los ocupantes romanos) y, más en general, los que les acusan de avaricia, conspiraciones tenebrosas y crímenes nefandos. Los anti-palestinos son una variante de los anti-árabes que se confunden con los islamófobos (no todos los árabes son musulmanes ni a la inversa): los consideran atrasados, fanáticos, terroristas, una amenaza para la civilización occidental. Pero hay más.
4. Los a favor de ambos. Organizaciones de derechos humanos (B'Tselem, Tikum o Jewish Voice for Peace) o de investigación para la paz (como Transcend) parten de reconocer la porción de razón que hay en cada uno de los dos primeros, a la vez que se rechaza al tercero. Diluir el conflicto en una entidad mayor, negociar a partir de concesiones mutuas, reconocer el derecho de Israel a tener un estado propio, pero también el de Palestina, políticas de "cultura de paz" (como las de Baremboim), cualquier cosa con tal de detener las muertes y el odio que las nutre y que genera. Las tres anteriores son mucho más fáciles. Esta, en cambio, no tiene quien la escriba ni, mucho menos, quien la financie como para llegar a ser la dominante o, por lo menos, la de una mayoría necesaria para ser tenida en cuenta.
Observación final: si no ha encontrado nada raro en lo que antecede, si no le extraña que se dé por supuesto que anti-judío, anti-israelí y anti-gobierno de Israel es la misma cosa, hágaselo ver, esté en el grupo en que esté. Incluido el cuarto.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-. Véase el artículo de Uri Avreny sobre ganadores y perderores en la contienda entre los dos primeros sin que el cuarto tenga nada que decir. El tercero sigue inasequible al desaliento)

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